lunes, 25 de junio de 2012

Las Excavaciones Arqueológicas en La Dionisia


Como se mencionó al inicio de este ensayo, los precedentes investigativos desde el punto de vista arqueológico en La Dionisia se remontan a principios de la década de 1980, por la visita del grupo Batabanó y luego, en 1989, con las exploraciones realizadas por el grupo espeleológico Norbert Casteret, ocasión en la que solo se describen en la prensa provincial y nacional algunos objetos hallados en superficie y las estructuras visibles. En esa ocasión, se rescataron algunas piezas arqueológicas que fueron donadas en el año 2006 por Boris Rodríguez Tápanes al Castillo de San Severino Museo de la Ruta del Esclavo. Las piezas donadas constituyen: dos candados y un herraje utilizado en las monturas de caballos, fechados para el siglo XIX, las cuales se muestran en la sala de exposición dedicada a la esclavitud.
Posteriormente, se comienzan a llevar a cabo varios trabajos en el lugar por parte de otro grupo espeleológico: el Luis Montané, quienes iniciarían la investigación histórica y arqueológica del predio, aportando resultados inéditos hasta ese momento.
No es hasta el año 2006 que se cometen las primeras excavaciones en el cafetal La Dionisia, resultados que son expuestos en el presente estudio.
Los trabajos de excavación fueron realizados entre el 15 de enero y el 5 de febrero del 2006, para lo cual los objetivos trazados, mencionados con anterioridad, consistían esencialmente en la exploración del área en torno a la Ceiba existente en la finca, la casa de vivienda, la zona donde estuvo el barracón de los esclavos comunes y tratar de localizar los posibles restos del campanario.
La metodología de excavación siguió las pautas establecidas por Edward C. Harris[1] con procedimientos estratigráficos que proporcionan un minucioso nivel de recogida de datos al exponer cada estrato horizontalmente y registrar las relaciones que se establecen entre las superficies y los materiales depositados. Se llevaron a cabo excavaciones en áreas abiertas atendiendo a los espacios excavados, siguiendo la distribución de los estratos arqueológicos e identificando cada estrato, estructura e interfaz como unidades estratigráficas (u.e.) independientes.
El sistema de registro de las evidencia se desarrolló a través de planillas basadas en las utilizadas por el Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador de Ciudad de La Habana, aunque con adaptaciones al contexto excavado. Además, se realizaron dibujos a escala, con un registro fotográfico digital pormenorizado y sistemático.
En ese sentido se delimitó un área de 2m X 3m partiendo desde el tronco de la Ceiba hacia el lado Este y se profundizó hasta 0,15m donde el estrato se comportó estéril. La excavación estuvo dirigida a la búsqueda de posibles cultos religiosos afrocubanos, encontrándose varias monedas ubicadas cronológicamente en el siglo XX y XXI, así como varios fragmentos de vidrio.
En la casa de vivienda se efectuaron calas exploratorias de pintura mural en el área del portal y en un espacio interno, hallándose en ambos lugares varias capas pictóricas. En el portal se pudo detectar un cambio cronológico a nivel del enlucido, detalle que indica reestructuraciones del espacio donde fueron realizados añadidos de habitaciones. En la habitación que actualmente ocupa la carpintería se hallaron capas con decoraciones de diseño sencillo: cenefas tipo rodapié alto de un color plano, que en los tres casos fue blanco[2].
Una pequeña excavación fue realizada en el patio interior de la casa de vivienda, donde fue escogida una habitación ubicada en el lado izquierdo el cual, según las fuentes orales, había estado destinado a la incineración de maderas para hervir ropas. En el lugar, donde se realizó una cala de 1m X 1m, se detectaron varias capas de ceniza y un apisonado sobre un estrato arenoso donde afloraron varios fragmentos de madera y gran cantidad de herrajes y clavos de hierro.
Entre los objetivos más significativos se encontraba la localización de los restos del campanario, para lo cual se contó con la ayuda de Nemesio Guillén, quien conocía un probable lugar de ubicación en lo que hoy es parte de un potrero, donde se observaba la afloración de algunas rocas con aparente disposición intencional. En ese espacio se excavó un área de 5m X 4m que develó gran cantidad de fragmentos de enlucidos de cal, vidrio, loza blanca y perla, porcelana y clavos de hierro.
También, como último objetivo de la campaña, se excavó un área de 5m X 3m a la izquierda de la entrada actual de la finca, lugar donde debió existir el barracón de los esclavos comunes. Según los datos orales de Nemesio Guillén, la estructura fue destruida cuando se construía la línea eléctrica de alta tensión. En el lugar se observan varias aglomeraciones de roca y tierra provocadas por la acción devastadora de los buldóceres utilizados.
En este espacio los trabajos no fueron culminados, pudiéndose profundizar hasta 0,15m, no obstante fueron encontrados varios fragmentos de vidrio, cerámica ordinaria, algunos clavos y parte de una bisagra, entre otras piezas.



[1] Harris, E. C. (1991) Principios de estratigrafía arqueológica.
[2] Cepero Figueras, L. (2006) “Informe de pintura mural”.

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