Como se mencionó al inicio de este ensayo,
los precedentes investigativos desde el punto de vista arqueológico en La
Dionisia se remontan a principios de la década de 1980, por la visita del
grupo Batabanó y luego, en 1989, con las exploraciones realizadas por el grupo
espeleológico Norbert Casteret, ocasión en la que solo se describen en la prensa
provincial y nacional algunos objetos hallados en superficie y las estructuras
visibles. En esa ocasión, se rescataron algunas piezas arqueológicas que fueron
donadas en el año 2006 por Boris Rodríguez Tápanes al Castillo de San Severino
Museo de la Ruta del Esclavo. Las piezas donadas constituyen: dos candados y un
herraje utilizado en las monturas de caballos, fechados para el siglo XIX, las
cuales se muestran en la sala de exposición dedicada a la esclavitud.
Posteriormente, se comienzan a llevar a
cabo varios trabajos en el lugar por parte de otro grupo espeleológico: el Luis
Montané, quienes iniciarían la investigación histórica y arqueológica del
predio, aportando resultados inéditos hasta ese momento.
No es hasta el año 2006 que se cometen las
primeras excavaciones en el cafetal La Dionisia, resultados que son expuestos
en el presente estudio.
Los trabajos de excavación fueron
realizados entre el 15 de enero y el 5 de febrero del 2006, para lo cual los
objetivos trazados, mencionados con anterioridad, consistían esencialmente en
la exploración del área en torno a la
Ceiba existente en la finca, la casa de vivienda, la zona
donde estuvo el barracón de los esclavos comunes y tratar de localizar los
posibles restos del campanario.
La metodología de excavación siguió las
pautas establecidas por Edward C. Harris[1]
con procedimientos estratigráficos que proporcionan un minucioso nivel de
recogida de datos al exponer cada estrato horizontalmente y registrar las
relaciones que se establecen entre las superficies y los materiales
depositados. Se llevaron a cabo excavaciones en áreas abiertas atendiendo a
los espacios excavados, siguiendo la distribución de los estratos arqueológicos
e identificando cada estrato, estructura e interfaz como unidades estratigráficas
(u.e.) independientes.
El sistema de registro de las evidencia se
desarrolló a través de planillas basadas en las utilizadas por el Gabinete de
Arqueología de la Oficina del Historiador de Ciudad de La Habana, aunque con
adaptaciones al contexto excavado. Además, se realizaron dibujos a escala, con
un registro fotográfico digital pormenorizado y sistemático.
En ese sentido se delimitó un área de 2m X
3m partiendo desde el tronco de la
Ceiba hacia el lado Este y se profundizó hasta 0,15m donde el
estrato se comportó estéril. La excavación estuvo dirigida a la búsqueda de
posibles cultos religiosos afrocubanos, encontrándose varias monedas ubicadas
cronológicamente en el siglo XX y XXI, así como varios fragmentos de vidrio.
En la casa de vivienda se efectuaron calas
exploratorias de pintura mural en el área del portal y en un espacio interno,
hallándose en ambos lugares varias capas pictóricas. En el portal se pudo
detectar un cambio cronológico a nivel del enlucido, detalle que indica
reestructuraciones del espacio donde fueron realizados añadidos de habitaciones.
En la habitación que actualmente ocupa la carpintería se hallaron capas con
decoraciones de diseño sencillo: cenefas tipo rodapié alto de un color plano,
que en los tres casos fue blanco[2].
Una pequeña excavación fue realizada en el
patio interior de la casa de vivienda, donde fue escogida una habitación
ubicada en el lado izquierdo el cual, según las fuentes orales, había estado
destinado a la incineración de maderas para hervir ropas. En el lugar, donde se
realizó una cala de 1m X 1m, se detectaron varias capas de ceniza y un
apisonado sobre un estrato arenoso donde afloraron varios fragmentos de madera
y gran cantidad de herrajes y clavos de hierro.
Entre los objetivos más significativos se
encontraba la localización de los restos del campanario, para lo cual se contó
con la ayuda de Nemesio Guillén, quien conocía un probable lugar de ubicación
en lo que hoy es parte de un potrero, donde se observaba la afloración de
algunas rocas con aparente disposición intencional. En ese espacio se excavó un
área de 5m X 4m que develó gran cantidad de fragmentos de enlucidos de cal,
vidrio, loza blanca y perla, porcelana y clavos de hierro.
También, como último objetivo de la
campaña, se excavó un área de 5m X 3m a la izquierda de la entrada actual de la
finca, lugar donde debió existir el barracón de los esclavos comunes. Según los
datos orales de Nemesio Guillén, la estructura fue destruida cuando se construía
la línea eléctrica de alta tensión. En el lugar se observan varias
aglomeraciones de roca y tierra provocadas por la acción devastadora de los buldóceres
utilizados.
En este espacio los trabajos no fueron
culminados, pudiéndose profundizar hasta 0,15m, no obstante fueron encontrados
varios fragmentos de vidrio, cerámica ordinaria, algunos clavos y parte de una
bisagra, entre otras piezas.
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