Uno de los rasgos más significativos del
cafetal La Dionisia
es, sin lugar a dudas, la conservación de su estructura constructiva. La cercanía
de la ciudad y el crecimiento urbano no parecen llegar al predio, aunque esta
apreciación no podría afirmarse cabalmente por razones que se tratan en el apartado dedicado al patrimonio.
Hasta el presente, los estudios realizados
en torno a las plantaciones cafetaleras[1]
concluyen que la organización de las mismas se caracteriza por las
particularidades de cada una respecto al emplazamiento en el terreno, poder
adquisitivo y otros factores que influían en la distribución de las
estructuras, por lo que no existía un patrón único de organización. No
obstante, se han identificado dos variaciones en la estructuración del batey en
las plantaciones cafetaleras, sujetas a la geografía del espacio utilizado,
definiéndose los bateyes en forma lineal para las áreas montañosas y bateyes
agrupados para los valles y cimas de montañas[2].
Teniendo en cuenta esta propuesta, concebida para el oriente cubano, La
Dionisia tendría una organización agrupada del batey.
El levantamiento topográfico llevado a cabo
en La Dionisia
mostró la conformación del batey, ubicándose todas las estructuras de forma tal
que quedaba en el centro un espacio común. El batey era uno de los componentes
esenciales de las plantaciones cafetaleras, conformado por dos áreas definidas
por su funcionalidad: la zona industrial y la habitacional.
Así, entre los exponentes que presenta
mayor estado de conservación se encuentra la casa de vivienda. Los estudios
realizados en plantaciones cafetaleras cubanas han tenido como principal
objetivo estas estructuras. En este caso no ha sido así. Si bien los objetivos
propuestos iban en otro sentido, era de interés el conocimiento de todo el
conjunto, pero la constante utilización del inmueble hasta nuestros días
imposibilitó cualquier trabajo. No obstante, con el debido permiso de los actuales
inquilinos, se pudieron efectuar varias calas de pintura mural en los muros a
la vista más antiguos.
Por lo general, la vivienda en la
plantación tenía amplio dominio visual del resto de las construcciones y, en el
occidente cubano, era concebida fundamentalmente para el hábitat. En
contraposición, en el oriente del país la denominada casa señorial se utilizaba
como vivienda y almacén, que en occidente constituían dos estructuras
distintas, como es el caso de La Dionisia. No obstante, esto se manifiesta en
la zona rural, ya que en las urbes de La Habana y Matanzas también existían las
casas señoriales que contaban con un entresuelo destinado a almacén.
La casa es de planta compacta rectangular y
parece haber presentado una galería o portal alrededor de la misma que
actualmente está presente solo en el frente y parte de uno de sus lados. Los
trabajos de pintura mural develaron la superposición de paramentos mediante la
diferenciación de los enlucidos de cal y cemento que los caracterizaba.
Además, la morada presenta un área de traspatio
donde se encon-traba la cocina y un horno para pan. Según Ramírez y Paredes[3]
la cocina era frecuente que constituyera un elemento independiente o estuviera
separada del cuerpo de la vivienda para evitar los olores y humos.
A continuación de la cocina existen otras
habitaciones que las fuentes orales relacionan con los barracones de esclavos
domésticos y, quizás, la despensa.
Otra de las estructuras principales en la
plantación lo constituye el almacén. Como ya se mencionó, está formado por una
construcción independiente y presenta un estado de conservación parcial, ya que
cuenta con algunos de sus muros destruidos por agentes naturales como la
vegetación, aunque la mayor parte está en pié.
Algunos investigadores mencionan la
existencia de otros locales más pequeños que funcionaron para el almacenamiento
de los útiles y herramientas de trabajo[4].
En el caso de estudio no se hallaron huellas de estructuras que pudieran
asociarse a este tipo de dependencia, lo que podría indicar la posible
utilización del mismo local para ambas funciones, aunque lógicamente el grano
tendría un evidente privilegio.
Entre la casa y el almacén se halla una
estructura compuesta por tres habitaciones, una de ellas destruida, así como
algunas partes del resto de los muros. Según la tradición oral están asociadas
con los apareamientos forzosos, cuestión que ha sido tratada en la literatura
histórica referente a la esclavitud en las plantaciones. Era utilizada para la
reproducción natural de la fuerza de trabajo y los nacidos eran denominados
criollos, para los cuales existían otras construcciones dedicadas a su crianza.
Otra estructura, que aparentemente está
compuesta por una sola habitación, está enclavada a la izquierda del almacén.
Esta conserva algunas secciones de muros, pudiéndose reconstruir sus dimensiones
hipotéticas teniendo en cuenta sus cimientos y se ha relacionado con la
enfermería. La presencia de la enfermería era común en todas las plantaciones
cafetaleras, por la necesidad de mantener la fuerza motriz de la cosecha en
perfectas condiciones de salud[5].
La denominada casa o criadero de los
criollitos es otra de las construcciones presentes en La Dionisia , aunque su
atribución funcional está dada por la tradición oral. La misma está constituida
por un muro perimetral y otro que la divide aproximadamente al medio. En la
esquina suroeste se detectaron los cimientos de una pequeña estructura de dos
habitaciones comunicadas, de las cuales no se tiene ninguna referencia, pero
deberían estar asociadas a la crianza de los criollitos.
Al lado oeste de la casa de los criollitos
se conservan restos de muros en un área donde el nivel del suelo era de
aproximadamente 0,50
metros más alto en las primeras visitas que realizamos,
espacio que parece haber sido destinado a semillero. En la actualidad esta
diferencia no se aprecia, ya que se ha destinado para la siembra y la capa
vegetal ha sido removida.
La noria, por otra parte, se mantiene en
buen estado de conservación y ha sido utilizada ininterrumpidamente hasta la
actualidad, aunque gran parte de la estructura de madera ha sido sustituida.
Relacionada con esta, se encuentra un sistema de estanques o contenedores que
parecen estar asociados a las reservas de agua. Gran parte de ellos solo se
conservan los cimientos. Las modificaciones realizadas para su uso actual
llevaron a su destrucción.
Según Ramírez y Paredes[6],
en el occidente los cafetales ubicados en zonas llanas estaban obligados a
crear reservas de agua para tiempo de seca, lo que parece estar relacionado con
los cimientos hallados.
Frente al almacén se pudo definir al menos
una estructura correspondiente al secadero, observándose un basamento de
pequeñas rocas a un nivel ligeramente superior con respecto al resto del
terreno. También se localizaron varios fragmentos del muro perimetral con forma
redondeada en la superficie, dispersos por el área. Es probable la existencia
de otro secadero o bien que el mencionado se extendiera más allá de sus dimensiones
actuales, puesto que hoy día está cruzado por el camino de entrada a la finca.
Presenta una figura rectangular y se encuentra justo a la vista de la vivienda,
característica que está presente en todos los cafetales[7].
Aunque ya no existe, se tienen referencias
del barracón de los esclavos comunes, el cual conservaba sus muros perimetrales
hasta la década del setenta cuando fue derrumbado. La tradición oral describe
la estructura como de planta aproximadamente cuadrada con un muro divisorio y
en una de las esquinas, en la parte externa, se encontraba un aljibe.
Estas estructuras parecen haber sido de dos
formas fundamentales: el barracón de patio que constituía un conjunto de
habitaciones con salida a un patio central que fue más común en las
plantaciones azucareras donde se contaba con una dotación más importante, así
como mayores exigencias de trabajo y por ende precisaban más seguridad. Por otra
parte se encontraban los bohíos que se conformaban de pequeñas casas
construidas de embarrado y guano, las cuales parecen haber sido más comunes en
los cafetales[8].
Viajeros como Fredrika Bremer[9]
señalan estas diferencias y recientes excavaciones en el cafetal del Padre,
provincia La Habana ,
indican la presencia de bohíos como vivienda esclava[10].
En La Dionisia
no se ha podido definir qué tipo de barracón existió. Las excavaciones
realizadas en esta área no han aportado datos de los mismos.
También, se halla entre las estructuras el
horno de cal. El mismo fue construido aprovechando las condiciones naturales
del terreno, en una dolina que crea un desnivel. Hasta mediados del siglo XX la
estructura parece haber permanecido en buenas condiciones pero otros incidentes,
que son tratados más adelante, conllevaron a su destrucción casi completa,
conservándose solo dos secciones de muros.
El horno de cal es un elemento
imprescindible en este tipo de plantaciones ya que se utilizaba tanto para la
construcción de las instalaciones como para el beneficio de la cosecha[11].
El funcionamiento del mismo estaba concebido para el acceso tanto a la parte
superior como inferior, por donde se suministra la materia prima para la
obtención de la cal y para alimentar el fuego.
Por último, se encuentra el campanario,
estructura que también participa activamente en la vida de la plantación.
Ramiro Guerra[12]
menciona al respecto que:
“Esta
tenía la triple función usual: llamar a los esclavos al trabajo en la mañana y
al medio día; hacerlos cesar en el mismo a las horas acostumbradas; y tocar a
somatén en caso de incendio o cuando hubiese necesidad de cualquier otra clase
de socorro. El campanario tenía otra función de elevada espiritualidad: dar el
toque de oración a la caída de la tarde en coro solemne con las campanadas de
las fincas vecinas”.
En este caso la estructura del campanario
fue localizada mediante los trabajos arqueológicos, encontrándose los cimientos
del mismo, que será tratado en el apéndice correspondiente.
[1] Ramírez, J. F. y F. A. Paredes (2004) Francia en Cuba. Los cafetales de la Sierra
del Rosario (1790-1850).
[2]
Rizo, L. (2005) La arquitectura
agroindustrial cafetalera del siglo XIX en Santiago de Cuba, pág. 59.
[3] Ramírez, J. F. y F. A. Paredes (2004) Ob. Cit.
[4] Ramírez, J. F. y F. A. Paredes (2004) Ob. Cit.
[5] Ramírez, J. F. y F. A. Paredes (2004) Ob. Cit.
[6] Ramírez, J. F. y F. A. Paredes (2004) Ob. Cit.
[7] Ramírez, J. F. y F. A. Paredes (2004) Ob. Cit.
[8] Ramírez, J. F. y F. A. Paredes (2004) Ob. Cit.
[9] Bremer, F. (1989) Cartas
desde Cuba.
[10] Singleton, T. (2005) “Interpretando la vida del
esclavo en el Cafetal del Padre”.
[11] Ramírez, J. F. y F. A. Paredes (2004) Ob. Cit.
[12] Guerra, R. (1974) Mudos
testigos, p. 52.
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