Las condiciones naturales del Valle de
Canímar han llevado a considerarlo como una zona de importantes riquezas
naturales, donde conviven exóticas especies tanto de la flora como la fauna tropical
y elementos patrimoniales, como sitios donde se reconocen huellas de las
antiguas culturas precolombinas y estancias coloniales de extraordinario
valor, más allá de algunas irregularidades que han afectado el paisaje. Estas
condiciones incidieron en la instauración de bases de campismo en el área a
inicios de la década de los ochenta, como primeros exponentes de explotación
turística destinada al público nacional. Con posterioridad, se comienzan varios
proyectos, fundamentalmente a partir de los años noventa con el naciente
turismo internacional, lo que trajo consigo la inserción de empresas nacionales
y extranjeras, siempre con una concepción de turismo de naturaleza. En las
postrimerías del siglo XX y en el umbral de XXI, muchos han sido los proyectos
que se han concebido en torno al Valle de Canímar, aunque pocos han llegado a
materializarse.
Uno de los más recientes fue dirigido a la
creación de un Parque Temático con un “uso sostenible de Recursos Naturales,
arqueológicos, culturales y patrimoniales.” El mismo reitera que su desarrollo
sería “con amplia concepción de sostenibilidad”, planteando que posibilita-ría,
entre otras cosas, “el cuidado y protección de los recursos forestales y
arqueológicos fuertemente amenazados en la actualidad”, según el autor por
carencia de financiamiento[1].
Es importante señalar que, al decir del autor, el Parque podría triplicar los
ingresos actuales, que está limitado de alcanzar cuotas de mercado, al no poder
incrementar las opciones y atractivos. Más adelante plantea lo expresado por el
Ministerio del Turismo (MINTUR) referente a la necesidad de “o no considerar a Canímar como Área Protegida o en su
defecto establecer capacidades de carga amplias”, ya que 120 PAX diarios “no
permiten el desarrollo del Parque”.
Añade además que “los intereses del turismo requieren que ésta [capacidad de carga]
no sea inferior a 1000 PAX diarios”, por lo que las entidades interesadas, la Unidad
de Medio Ambiente del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA)
en Matanzas y la Empresa
de Flora y Fauna, se pronunciaron por ampliar la capacidad de carga, aludiendo
como justificante que “no se había contado con la información y recursos
necesarios para fijarla con exactitud y se reconocía que los cálculos habían
sido conservadores”, siempre que los resultados aboguen por un incremento
económico.
A todo lo anterior se debe apuntar que en
un inicio prima una “amplia concepción de sostenibilidad” y las razones de la
limitante de mercados están dadas por “no poder incrementar las opciones y
atractivos”, dando como solución el incremento de la capacidad de carga de 120 a 1000 PAX diarios,
respondiendo exclusivamente a los intereses del turismo. No se niega la
carencia de financiamiento para la protección de los recursos forestales y
arqueológicos del área, pero tampoco es el único inconveniente, ya que las soluciones donde solo atañen los
resultados económicos concluyen con daños irreversibles.
Por otra parte, es de destacar la ausencia
de entidades como el Centro Provincial de Patrimonio Cultural en un proyecto
donde el 45,44% de los atractivos turísticos ofrecidos corresponda a sitios
patrimoniales.
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