lunes, 25 de junio de 2012

La Familia Rouviere


D. Francisco Federico Rouviere, natural de Marsella, y Da. Dionisia Giraud Le Riech, natural de Paris, parecen haber arribado a Cuba entre finales del siglo XVIII y 1804, fecha en que nace el primer hijo del matrimonio, Francisco Simón, en Güira de Melena, La Habana. Teniendo en cuenta los distintos sucesos tratados en el capítulo anterior, los probables lugares de procedencia serían Haití, Santo Domingo, Luisiana y hasta la propia Francia.
La familia Rouviere parece haber sido expulsada hacia los Estados Unidos entre 1808 y 1811, como consecuencia de la guerra española-francesa, ya que el 12 de mayo de este último año nace otra hija del matrimonio: Josefa Magdalena, en Savannah, Georgia, donde se estable-ció la familia, pues el 26 de diciembre de 1813 nacería María Dorotea, a quien bautizan el 6 de febrero del año siguiente. Además, el 23 de marzo de 1816, nace Dionisia Catalina en la misma ciudad, bautizada el 27 del siguiente mes.

D. Francisco Simón Rouviere Giraud (cortesía de Marisol López Iglesias)

Los referidos nacimientos dan fe de la estancia de la familia entre mayo de 1811 y abril de 1816. Luego, se tiene que en 3 de febrero de 1818 D. Francisco Rouviere compra las primeras tierras en la ciudad de Matanzas[1], lo que reduce el estimado a un año y nueve meses para la llegada por segunda ocasión al país. Una carta escrita de puño y letra de D. Rouviere fechada en 13 de noviembre de 1818, localizada en las Actas Capitulares del Archivo Histórico de Matanzas, permite observar algunas dificultades en la escritura, con la utilización de artículos en francés, resultado de una breve estancia en Cuba. Por otra parte, es necesario recordar la Real Cédula emitida el 21 de octubre de 1817, lo que pudo haber influido en el retorno de la familia.
El 22 de junio de 1834 muere doña Dionisia Giraud Le Riech, lo que debió provocar un doloroso impacto a su familia que ya contaba con varios miembros. Lo cierto es que, como un extraño suceso, justamente siete días después muere su esposo Don Francisco Rouviere Duran. Ambos, por la fecha de defunción, debieron ser sepultados en la necrópolis de Embarcadero Blanco que brindó sus servicios desde 1811 hasta 1839, aunque desde 1830 se elevaron innumerables quejas a razón del espacio y las condiciones en que se encontraba[2].
Con posterioridad, en 1840, es la apertura del cementerio de San Juan de Dios, efectuándose el primero de noviembre de ese año la inauguración con la inhumación de los difuntos procedentes del de Embarcadero[3], por lo que es de pensar en el traslado de los difuntos esposos franceses hacia las nuevas parcelas.
Es preciso señalar que en el curso de las investigaciones se logró detectar la bóveda con la inscripción a bajo relieve en la tapa que reza: D. Francisco Rouviere. Año de 1842[4]. Por la fecha se puede inferir su procedencia del camposanto de San Juan de Dios, con posterioridad trasladada hacia el San Carlos, donde fue hallada.
En 1868, se agota por completo el espacio dedicado a la sepultura en la mencionada necrópolis de San Juan de Dios, por lo que, tras un pedido efectuado por el cura D. Juan Mignagaray el 4 de julio del corriente, se concede la bendición de una parcela en el aún inconcluso nuevo cementerio[5] de San Carlos, aunque este se fundaría en 1872.
En 1870 muere D. Francisco Simón Rouviere a la edad de 66 años, por lo que parece haber sido sepultado en la necrópolis de San Carlos, donde se encontró la lápida. Este ínterin, desde que comienzan las sepulturas hasta que se funda el camposanto, dio lugar a la falta de documentación de esos primeros años, por lo que fue imposible abun-dar más en el tema.


[1] Archivo Histórico de Matanzas. Anotadurías de hipotecas. Libro 1. Partida 70. Folio 15.
[2] Vento, E. (2002) La última morada. Historia de los cementerios de Matanzas.
[3] Vento, E. (2002) Ob. Cit.
[4] Su localización se debe al trabajo realizado por Marisol López Iglesias, quien amable-mente brindó datos históricos para esta investigación.
[5] Vento, E. (2002) Ob. Cit.

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